Egipto, el país de los grandes secretos

Salam wa leikum “La paz esté con ustedes”


Mi nombre es Mustafá. Tengo doce años, y vivo en el oasis de Fayum. En Egipto, casi todo el territorio es un desierto, y por eso la mayoría de la gente vive en las orillas del río Nilo, cuyas aguas irrigan el valle más fértil del mundo.

Fayum es uno de los oasis más grandes del mundo. Un oasis es un terreno fértil, verde y lleno de árboles que, gracias al agua, parece un milagro en medio de la inmensidad del desierto. Mi papá es agricultor, y siembra trigo, arroz, papas, algodón, cebollas, berenjenas, mangos, bananos, sandías y muchas frutas más en las fértiles tierras del oasis. Parece imposible que pueda crecer esta variedad de alimentos tan cerca de las arenas del desierto.

Antes de ir a la escuela, me gusta desayunar pan árabe con aceite de oliva, habas con tabule, una ensalada hecha con tomates, cebollas y cilantro. Al regreso de la escuela, me encanta comer dátiles, que son los frutos que dan las palmeras del oasis. Los dátiles son dulces, jugosos y muy carnosos. También me gusta comer asaleia, una golosina hecha con melaza. ¡Es deliciosa!

Desde que tenemos siete años debemos cumplir las reglas del Islam, la religión que practicamos los musulmanes. Mi abuelo, Ahmed, nos dice a mi hermana y a mí: “El Islam es como un gran reloj que marca el ritmo de los hombres. Marca los años, los meses y los días”. Todos los días debemos hacer oración, siempre en dirección a la ciudad de La Meca, donde nació Mahoma, el profeta que dictó el Corán, nuestro libro sagrado. En Ramadán, el mes sagrado del Islam, no podemos comer nada durante el día, y es común regalar un tipo es- pecial de lamparitas llamadas fawanis, que adornan las casas y las calles.

En todas las ciudades del mundo árabe se oye un hermoso canto cinco veces al día: es el Adan, o llamado a la oración. La voz de un hombre invita a todos a rezar desde lo alto del minarete, o torre de la mezquita, el templo de los musulmanes.

Hace miles de años nació, a orillas del río Nilo, una de las primeras grandes civilizaciones del planeta: el Antiguo Egipto. Sus gobernantes fueron los faraones, que mandaron a construir templos y pirámides donde eran depositados después de morir. Ellos creían que desde estas pirámides podrían iniciar su viaje al cielo para vivir entre los dioses. Los antiguos egipcios fueron pioneros en astronomía, arte, medicina y arquitectura. Muchos pueblos aprendieron de sus técnicas y secretos, y aunque han pasado miles de años, todavía quedan muchos mis- terios por revelar.

En todo el país hay más de cien pirámides, pero las más importantes son las de la ciudad de Guiza. La más grande la mandó a construir el faraón Keops, hace más de 4.500 años. ¡Es tan grande que en ella cabría el agua de 20 piscinas olímpicas! Para la construcción de la pirámide se utilizaron más de dos millones de piedras, y cada una de ellas con un peso aproximado de dos toneladas. Hoy en día no hay una explicación convincente sobre cómo los egipcios pudieron construir semejante obra de arquitectura en aquella época.

Alejandría es una de las ciudades más importantes de Egipto. Fue famosa por su inmenso faro, una de las construcciones más altas de su tiempo, con 150 metros de altura, admirada como una de las siete maravillas del mundo antiguo. También por su biblioteca, que contenía la mayor colección de libros de su época. A Alejandría llegaban científicos de todas partes del mundo a investigar y a debatir sobre los secretos del cielo y de la Tierra. Cuentan que en esa época, cuando un barco llegaba al puerto, los bibliotecarios corrían a copiar a mano los libros que traía, y luego los devolvían a sus dueños.

Las aguas del Mar Rojo bañan las costas de Egipto y las de otros países. Algunos sostienen que se llama Rojo por la floración de unas bacterias que viven en el agua y que le dan esta apariencia. Otros afirman que el nombre se debe a que en las tardes el reflejo del sol cae sobre las montañas y rebota sobre las aguas del mar, haciendo que parezcan un té de frutos rojos. Pero en las mañanas sus aguas son transparentes como el vidrio, y desde la superficie pueden verse los tiburones y miles de peces nadar entre los corales. ¡Muchos de estos solo se encuentran en este mar!

En el desierto viven los beduinos, tribus de nómadas que llevan siglos recorriendo su territorio. Tahnoon, mi amigo beduino, suele pasar por mi casa para recoger agua, en compañía de su familia y sus camellos. Él me cuenta historias del desierto, me enseña a amarrar los camellos y me dice que en las noches puede contemplar miles y miles de estrellas desde su tienda en la mitad del desierto.

En El Cairo, actual capital de Egipto, hay un inmenso mercado que se llama Khan el Khalili. Mis tíos trabajan allí, y venden condimentos de todos los colores que fascinan a los visitantes. Ellos me cuentan que hay mercados parecidos en muchas ciudades del mundo árabe. Para mí son laberintos gigantes en donde juego con mis amigos a buscar escondites entre las tiendas. Los mercados y las casas en Medio Oriente parecen sencillos por fuera, pero por dentro están llenos de galerías, de colores y de secretos.

Shukran
¡Gracias!

maa salama
Con paz