El hilo conductor

Margarita, María Antonia y Araceli son tres mujeres que pertenecen al pueblo Wayúu. Las tres han aprendido a tejer de sus abuelas y de sus madres.

Desde que eran niñas han visto hacer mochilas, chinchorros y hamacas. Ellas, como el resto de las mujeres de las rancherías o comunidades en las que viven, han aprendido este oficio que es un requisito indispensable para formar su propio hogar.

Todo lo hacen con la mano, con los pies y con una agujita que va enhebrando hilos que forman mochilas redondas de colores llamativos que contrastan con el desierto. En ellas reproducen los motivos que les enseñaron sus abuelas, y también los diseños que ellas mismas se ingenian.

Mientras tejen crean nuevas versiones de lo que aprendieron por herencia. Ahora están haciendo vestidos y telas con los tejidos que tradicionalmente usaban para hacer hamacas y chinchorros.

Margarita, María Antonia y Araceli salieron de sus rancherías hacia Riohacha. En el largo malecón de esta ciudad tejen y venden al mismo tiempo. Gracias a esto han podido educar a sus hijos. Como el resto de las mujeres wayúu, ha sido tejiendo como han podido formar su propio hogar.