El león y el perro

León Tolstoi (Rusia 1828-1910)


En un jardín zoológico de Londres, se mostraban las fieras al público a cambio de dinero o de perros y gatos que servían para alimentarlas.

Una persona que deseaba verlas y no poseía dinero para pagar la entrada, cogió al primer perro callejero que encontró y lo llevó a la Casa de Fieras. Le dejaron pasar e inmediatamente echaron al perro en la jaula del león para que éste se lo comiera. El perro, asustado, se quedó en un rincón de la jaula, observando al león, que se acercó para olfatearlo.

El perro se puso patas arriba y empezó a menear la cola. El león le tocó ligera- mente con la pata y el perro se levantó, sentándose sobre sus patas traseras. El león iba examinándolo por todas partes, moviendo su enorme cabeza pero sin hacerle el menor daño. Al ver que el león no se comía al perro, el guardián de la jaula le echó un pedazo de carne. El león cogió un trozo y se lo dio al perro.

Al llegar la noche, el león se echó en el suelo para dormir y el perro se acomodó a su lado, colocando la cabeza sobre la pata de la fiera.

A partir de entonces, los dos animales convivieron en la misma jaula. El león no hacía ningún daño al perro, dormía a su lado y a veces incluso jugaba con él.

Cierto día, un señor visitó el zoológico y reconoció al perro que se le había extraviado. Fue a pedir al director que se lo devolviera, y cuando iban a sacarlo de la jaula el león se enfureció y no hubo forma de conseguirlo. Así, el león y el perro siguieron viviendo en la misma jaula durante un año entero.

Al cabo de un año, el perro se puso enfermo y murió.

El león dejó de comer, se puso triste y olfateaba al perro, lamiéndolo y acariciándolo con su pata. Al comprender que su amigo había muerto, se enfureció, empezó a rugir y a mover la cola con rabia, tirándose contra los barrotes de la jaula, como queriendo destrozarla.

Así pasó todo el día. Luego se echó al lado del perrito y permaneció quieto, pero no permitió que nadie se llevara de la jaula el cuerpo sin vida de su amigo.

El guardián creyó que el león olvidaría al perro si metía a otro en la jaula, y así lo hizo, pero ante su asombro, vio cómo lo mataba en el acto, devorándolo.

Luego, se echó nuevamente, abrazando al perro muerto y permaneció así durante cinco días. Al sexto día, el león también murió.