El poder de adaptación

Cuando doña Mariela se trasladó con su marido a vivir a Jardín, en 1990, se le metió en la cabeza que podía aprovechar su famosa receta de jalea y gelatina de pata para comenzar su propio negocio, al que llamó Dulces del Jardín.

Doña Mariela era disciplinada y se dedicó a hacer jaleas y gelatinas de pata que tenían la salida asegurada, pero su imaginación era inquieta y comenzó a ensayar nuevas recetas con las flores y frutas que estaban a la mano.

Como en todo negocio, en Dulces del Jardín no faltaban las dificultades, pero la suerte siempre estuvo a su favor porque doña Mariela supo ver oportunidades en los problemas que se le presentaban. Y por eso, cuando se le quemaron las panelitas, las recubrió con chocolate e inventó un nuevo producto. Cuando vio que las rosas se marchitaban en el jardín de la escuela, creó una mermelada con sus pétalos. Cuando quiso crecer el negocio, fue a buscar a los clientes a pueblos lejanos.

Los dulces de doña Mariela, tan bien empacados y etiquetados, se venden ahora en varias ciudades del país. Todos ellos vienen del corazón del Suroeste antioqueño, del municipio de Jardín, de la casa grande de arriba de la plaza, de esa cocina que ayer carecía de casi todo y hoy en día está hecha con todas las ley, de esta familia que trabaja unida y de una mamá que siempre creyó en lo que sabía hacer.