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La casita

Cuento popular ruso
Pintura: Lo que me dió el agua — Frida Kahlo (México, 1907–1954)


En la mitad del campo había una casita de paja, rodeada de flores.

Pasaba por allí, muy de prisa, una ratica perdida.

Buscaba dónde vivir y preguntó:

Casa, casita, ¿quién adentro habita?

Como nadie contestó, la ratica comenzó a vivir en ella muy feliz.

La rana Cuacuana iba saltando por el campo. De pronto vio una casita muy hermosa.

Casa casita, ¿quién adentro habita?
Soy la ratica Perdida, y ¿quién eres tú?
Soy la rana Cucuana.
Pues vente a vivir conmigo.

Y Cucuana y Perdida comenzaron a vivir en la casa.

Y aquí va Brincalejos, el conejo más veloz. Pasa, ve la casa y pregunta:

Casa casita, ¿quién adentro habita?

Yo, la ratica Perdida.
Yo, la rana Cucuana.
¿Quién eres tú?

El conejo Brincalejos.
Pues ven a vivir con nosotras.

El conejo da un magnífico salto y así empiezan los tres a vivir juntos.

Pasa por allí la zorrita Rabirrojita. Da unos golpecitos en la ventana y pregunta:

Casa casita, ¿quién adentro habita?

Yo, la ratica Perdida.

Yo, el conejo Brincalejos.
Yo, la rana Cucuana.

¿Quién eres tú?

Yo soy la zorrita Rabirrojita

Pues ven a vivir con nosotros.

Se mete así la zorra en la casa y los cuatro empiezan a vivir juntos.

De pronto pasa por allí el oso Zarposo. Ve la casita y con un gruñido amistoso pregunta:

Casa casita, ¿quién adentro habita?

Yo, la ratica Perdida.

Yo, la rana Cucuana.

Yo, el conejo Brincalejos.

Yo soy la zorrita Rabirrojita

¿Quién eres tú?

Yo soy el oso Zarposo

Pues ven a vivir con nosotros.


El oso intenta entrar. Lo intenta, lo intenta pero no puede pasar. 

Entonces dice:

Mejor será que viva en el tejado.

Claro, ¿y hundirnos la casa? —responden a coro Rabirrojita, Brincalejos, Cuacuana y Perdida.

No, no, que tontería, cómo la voy a hundir.

Está bien, está bien, sube.


Y sube el oso al tejado, y en el mismísimo instante en que se sienta —¡cataplás! —hunde la casa. La casita crujió, se ladeó y se derrumbó del todo. Disparados salen la ratica Perdida, la rana Cuacuana, el conejo Brincalejos y la zorra Rabirrojita. Desolados, no tienen dónde vivir. 

Así, empiezan a traer troncos del bosque, sierran tablas, cortan, clavan y construyen una nueva casa, mejor que la anterior, y donde el oso Zarposo puede entrar a vivir con ellos.