La fiebre

La fiebre es uno de los síntomas más frecuentes cuando el niño presenta enfermedades infecciosas.


El niño tiene fiebre cuando la temperatura del cuerpo es mayor de 38o C (grados centígrados) en el niño lactante, y de 37o C en un niño mayor. Si no tiene termómetro, mida el aumento de temperatura tocando la frente del niño con la mano.

La fiebre es un mecanismo de defensa del organismo, útil para el control de muchas infecciones, especialmente las producidas por los virus que producen enfermedades como el resfriado común o gripa. Por lo tanto, en la mayoría de los casos, si la fiebre no es muy alta, es recomendable dejar que la fiebre continúe para que el organismo pueda combatir al virus.

Cuando la fiebre es demasiado alta produce gran malestar en el niño. Se recomienda bañarlo en agua tibia para aliviar su malestar.

¿Cómo tratarla?

Evite la deshidratación: dele una bebida con hojas de chanten o de col.

Dele jugo de naranja o mandarina.

Dele a tomar líquidos.

No le haga al niño fricciones con alcohol, porque la piel puede absorber las sustancias tóxicas que contiene y puede haber intoxicación.

Si el niño presenta una fiebre muy alta o acompañada de otros signos y síntomas de alarma como: convulsiones, dormidera, dificultad para respirar, palidez o color azulado de labios y dedos; se debe consultar urgentemente al médico.