La herencia del rey

Anónimo


Un rey tenía tres hijos y quería elegir a uno de ellos como su heredero. Era una decisión muy difícil, porque los tres eran muy inteligentes, muy valientes y eran trillizos todos de la misma edad, de modo que no había forma de decidir. Entonces preguntó a un gran sabio y el sabio le sugirió una idea.

El rey fue a su casa y pidió a sus tres hijos que vinieran. Le dio a cada uno una bolsa con semillas de flores y les dijo que se iba de viaje. “Me tomará unos pocos años, uno, dos, tres, quizá más, y ésta será una prueba para ustedes. Tendrán que devolverme estas semillas cuando regrese. Y aquél que mejor las proteja se convertirá en mi heredero”. Y partió a su viaje.

El primer hijo pensó: “¿Qué debería hacer con estas semillas?” Las guardó en una caja de seguridad de hierro, porque al regresar su padre, debería devolverlas como las había recibido. El segundo hijo pensó: “Si las guardo como hizo mi hermano, morirán, y una semilla muerta no es una semilla”. De modo que fue al mercado, vendió las semillas y guardó el dinero. Y pensó: “Cuando mi padre regrese, iré al mercado, compraré semillas nuevas y le devolveré semillas mejores que las prime- ras”. Pero el tercero fue al jardín y arrojó las semillas por todas partes.

Después de tres años, cuando el padre regresó, el primer hijo abrió la caja fuerte. Todas las semillas estaban muertas, apestaban, y el padre le dijo: “¿Son éstas las semillas que te di? Tenían la posibilidad de florecer y dar un hermoso perfume, y estas semillas apestan. ¡Estas no son mis semillas!”.

El segundo hijo corrió al mercado, compró semillas, volvió a la casa y se las presentó a su padre. El padre dijo: “Pero no son las mismas. Tu idea fue mejor que la de tu hermano, pero todavía no eres tan capaz como yo quisiera”.

Fue al tercero, con gran esperanza y también con temor: “¿Qué has hecho?”. Y el tercer hijo lo llevó al jardín y allí había millones de plantas creciendo, millones de flores por todas partes. Y el hijo dijo: “Estas son las semillas que me diste. En cuanto estén listas, juntaré las semillas y te las devolveré”. Y el padre contestó: “Tú eres mi heredero. Es sembrando como se dan los frutos que nos dejan las semillas”.