Las fábricas y la industrialización

Esta inauguración, escribieron los periodistas de entonces, “tuvo las dimensiones de un prodigio”. No era para menos. De la energía hidráulica a la máquina de vapor, y luego el brinco de ésta a la máquina de energía eléctrica. Todo fue muy rápido.

En Colombia, el café, la minería y la agricultura impulsaron el paso de la producción artesanal a la industrial. Se necesitaban trilladoras, despulpadoras, molinos, ruedas Pelton, prensas y trapiches, arados y azadones.

Pero fue un tránsito con altibajos. Las guerras que se encadenaron unas con otras en el siglo XIX y las crisis económicas interrumpieron este desarrollo. Las máquinas eran fundidas para hacer armas cada vez que empezaba una nueva revuelta. La paz, terminada la Guerra de los Mil Días en 1902, trajo deseos de modernidad. Fue un proceso lento.

Por mucho tiempo se creyó que la brújula —la aguja magnetizada— era asunto de magia negra. Algunos capitanes la consultaban en secreto. Enrique El Navegante —príncipe de Portugal, amante del mar— combatió esta falsa idea. Colón la usó en sus viajes: llevaba siempre, por seguridad, más de cuatro.

Los trenes más veloces son los TGV —trenes de gran velocidad— franceses y el japonés que va de Tokio a Yokohama. En pruebas controla- das, alcanzan los 500 kilómetros por hora.

El recorrido más largo de un tren lo hace el Transiberiano, que va de Moscú hasta Vladivostok en el océano Pacífico.

La Escuela de Artes y Oficios de Medellín (fundada en 1870) funcionó por años como apéndice del Colegio del Estado. Fue vital para el desarrollo de Antioquia. Había talleres de ebanistería, caldería, carretería, cerrajería, herrería y fundición. Este último taller empleaba máquinas de vapor. Se producían armas y municiones, piezas para el ferrocarril y los telégrafos, herramientas y máquinas para aligerar las faenas de agricultura y minería.

En 1888, un hábil mecánico instaló en Girardota un taller especializado de trapiches y maquinaria para equipo minero. Usaba tornos importados. Allí, Vicente de la Roche hizo copias exactas de máquinas devanadoras y telares importados de Francia.