Las grandes obras en Antioquia

Durante años, por culpa del río Cauca con sus remolinos, cataratas y angosturas, Antioquia estuvo dividida en dos: oriente y occidente. Las barcas cautivas que se usaban para cruzarlo sufrían muchos accidentes.

José María Villa unió las dos orillas con puentes a finales del siglo XIX: el de Occidente, en Santa Fe de Antioquia; el de Iglesias, en Jericó; el de Piedras y Pescadero, en Ituango, y el de La Pintada. El más bello, que se conserva como monumento nacional, es el Puente de Occidente, una hermosa hamaca de 300 metros de largo tejida en hierro, cables y madera que conecta a Sopetrán con Santa Fe de Antioquia. Fue por años el puente colgante más importante de América Latina.

Villa estudió ingeniería en Estados Unidos. Allí vio cómo se construyó el puente de Brooklyn. Regresó a Colombia y lo que allá vio que se hacía en acero, trató de hacerlo en madera. Todos los carpinteros de la región trabajaron en la obra, y decenas de mulas ayudaron a cargar desde Puerto Berrío las piezas que llegaban en vapor. Cuando terminó, en 1895, nadie apostaba a su favor. “Ese puente no aguanta”, murmuraban. “Se lo va a llevar el viento”.

Del Túnel de la Quiebra a los túneles de hoy


Alejandro López fue otro gran ingeniero antioqueño. Ideó la manera de atravesar una montaña que, por años, estuvo plantada cerrando el camino al ferrocarril de Antioquia.

Mientras los ingenieros debatían cómo solucionar el asunto, los pasajeros del tren debían hacer trasbordo. Al llegar a Santiago se bajaban con todo su equipaje. En mula o carruajes subían y bajaban la montaña —23 kilómetros— y en la estación de Limón tomaban un nuevo tren.

“La única forma de solucionar el problema es construyendo un túnel”, dijo López. En 1899, presentó como tesis de grado esta idea. La rechazaron por descabellada. Sin embargo, treinta años después, se inauguró el Túnel de la Quiebra tal y como lo había planeado López. Ocho meses duró la obra. Se removieron 110 toneladas de roca y tierra, se utilizaron 540 mil libras de dinamita y 7.540 barriles de cemento.

Las obras de hoy buscan acortar caminos: el Túnel de Occidente se planeó para dejar a Medellín a solo una hora de distancia de Santa Fe de Antioquia. El de Oriente, para acercar las poblaciones de esta región. Y un nuevo viaducto, de casi 920 metros de largo y 10 de ancho, con dos carriles, sobre el Magdalena, está pensado para unir a Antioquia con Santander. Durante más de 30 años los habitantes de Yondó esperaron un puente que los uniera con Barrancabermeja. Por fin, el 13 de enero de 2004, se inició su construcción programada para durar 23 meses. En 1995 se inauguró otra gran obra: el metro de Medellín, el primero que se hizo en Colombia. Puede transportar por día, hasta un millón de pasajeros.

Puerto Berrío nació con el ferrocarril de Antioquia. En este punto del río Magdalena no existía peligro de que se formaran bancos de arena que pusieran en peligro a los vapores. Por eso instaló allí su campamento Francisco Javier Cisneros, el ingeniero que empezó la construcción del ferrocarril. A su lado creció la población de calles rectas y techos pajizos. Se llamó así en honor a Pedro Justo Berrío, un gobernante antioqueño que, como ninguno, creyó en la locomoción a vapor.

Carriel, dicen, viene de las palabras inglesas carry all —carga todo—. En un buen carriel se carga de todo: peinilla, espejo, fósforos, barbera, tabaco, navaja, ungüentos y uno que otro secreto.

En Jardín, los niños de la vereda Serranías vienen y van a la escuela en garrucha, una caja metálica colgada de un cable y tirada por un motor eléctrico que les sirve para pasar volando el cañón de una quebrada.

Al día, 40 mil pasajeros viajan por el aire, en pequeñas cabinas metálicas, para bajar de sus casas en la zona nororiental de Medellín y tomar el metro. A la Estación Acevedo llega el metrocable que sube hasta Santo Domingo, un barrio en la montaña. Es un verdadero carrusel de canastas colgantes. Es la primera vez en el mundo que este sistema de teleférico se utiliza en trasporte masivo.