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La tortuguita diligente

REGIÓN CARIBE

Se presentó un verano muy grande en la tierra, y los animales, en vista de que se estaban muriendo de hambre porque no tenían agua que beber ni nada que comer, y no llovía y los arroyos y los pozos se habían secado, se encontraron en un lugar alto en donde se reunían con frecuencia.

A la reunión asistieron Tío Tigre, Oso, Ñeque, Venado, Tío Conejo, Burro, Perro, Sapo, doña Tortuga, Gallinazo, y todos los animales empezaron a deliberar.

Tigre, que era la autoridad, tomó la palabra y dijo:

—Vamos a ver, ¿quién se dispone a llevar una carta a Dios para implorarle que llueva? 

—Venado —dijeron todos en coro—. Venado que es muy ágil para correr.

Venado se excusó diciendo que con mucho gusto iría, pero que el cielo estaba muy alto y muy lejos y últimamente estaba sufriendo de reumatismo.

—Entonces que vaya Paloma Mensajera, que está acostumbrada a volar por esas alturas.

Paloma se excusó alegando sufrir achaques también, y así sucesivamente todos los animales, hasta que le llegó el turno a Tortuguita, que estaba toda tímida en el borde de una gran piedra.

—Bueno, yo voy —dijo ella sacando la cabeza del carapacho y con la vocecita aquella que casi no se le oía, y enseguida se deslizó de arriba de la piedra.

Todos los animales aplaudieron admirados de la rapidez con que Tortuga empezó a cumplir la diligencia de llevar el mensaje al cielo. Día tras día y semana tras semana, los animales se reunían a esperar el regreso de doña Tortuga. Y nada que llovía y nada que Tortuga regresaba. Y así pasaron tres meses.



—Ese animal dónde se habrá metido —se preguntaban algunos.

—¡Estamos desesperados! —se lamentaban otros. Hasta que Tío Tigre, que era la autoridad, pidió silencio y rugió desde lo más alto de aquel lugar:

—Como doña Tortuga no llegue hoy, el día que vuelva, por la demora tan grande, le vamos a dar una fuerte paliza.

—¡Si, le daremos una fuerte paliza! —rebuznaron, cacarearon, relincharon, croaron, graznaron, mugieron todos.

Y entonces doña Tortuga sacó la cabeza de allá abajo de la piedra a donde se había resbalado, y respondió:

—Sigan hablando mal de mí y verán que no voy a ninguna parte.


Narradora: Elia Rosa Mercado (Corozal, Sucre).
Recopiló: Jairo Mercado.
Ilustraciones: Alejandra Estrada.