Los carpinteros (fragmentos)

Carlos Castro Saavedra
Elogio de los oficios



Cuando el hombre se acercó por primera vez a la madera, con timidez, con amor, la carpintería dio su primer paso. Después cuando el hombre, con herramientas primitivas, pulió un pedazo de encina y vio saltar la cáscara de este árbol maravilloso, la carpintería entró en el mundo de los oficios y comenzó a aromar el aire y a ocupar las manos ociosas. Desde entonces, este trabajo de santos y de abuelos, palpita en medio de los pueblos, y embellece la vida con sus dorados racimos de viruta.

...La carpintería es algo así como el amanecer, porque destierra luces vegetales y permite al carpintero crecer con el día, honradamente, y tener alma clara.

...Cada golpe de martillo sobre el clavo, nos enseña a ser tenaces y profundos. Cada esfuerzo encaminado a unir las tablas, para que vaya creciendo la hermandad, nos indica que debemos ser fraternales y estrechar nuestras manos, lo mismo en los momentos felices que en las horas amargas.

...¡Bendita sea la carpintería! ¡Loados los carpinteros! Ella es simple y venerable. Ellos son simples también e igualmente venerables. Una y otros, forman un solo reino claro, donde la poesía y el trabajo se funden, para materializar los sueños más sencillos y nobles. La carpintería nos devuelve el corazón de los bosques convertido en embarcaciones, en andamios y palcos. De las manos de los carpinteros, ásperas y grandes, pero habitadas por la ternura, salen pequeñas casas perfumadas donde viven muchachas pobres, y salen pequeñas cajas blancas, donde se embarcan niños que mueren para ir al encuentro de Dios.

Amar la carpintería es tanto entender que la madera es casi humana, casi madre, y que pájaros a mecerse y a cantar sus canciones ingenuas.