El valor no tiene precio, se aprende


Todos queremos darle lo mejor a nuestros hijos. ¿Qué mejor regalo que la posibilidad de ser una buena persona?

El niño aprende de sus mayores las cosas más valiosas que tiene la vida, cosas que se llaman valores, porque tienen valor, pero no tienen precio, ya que no se pueden comprar en la tienda de la esquina.

Los valores más importantes de la vida los aprendemos desde niños y son sencillos y elementales de aprender si están presentes en las relaciones y el ambiente que rodean al niño.

Un niño que crece con amor, podrá cuando adulto trabajar por la paz y el bienestar de los demás.

Algunos de los valores más importantes son:

El amor es la capacidad que tenemos de sentir que las personas son valiosas para nosotros, que su vida es un bien que queremos cuidar y disfrutar. 

La libertad es la capacidad de pensar y actuar por nosotros mismos, y decidir qué hacer con nuestra propia vida de acuerdo a nuestras capacidades y deseos, respetando la libertad de los demás.

La amistad es el afecto firme, claro y desinteresado por alguien. La amistad siempre es mutua, y nace y se alimenta de la admiración y la complicidad, del trato amable y cariñoso, del respeto y de la intimidad.

La responsabilidad es el sentido del deber que hace que podamos comprometernos con algo y que podamos cumplir con nuestro compromiso. La responsabilidad nos ayuda a crecer, porque nos permite estudiar y trabajar sin que nadie nos obligue, por el solo placer de hacerlo.

La lealtad es la capacidad que tenemos de ser firmes y fieles, de no engañar a las personas que admiramos y queremos, de ser sinceros y confiables con ellos.

La verdad nos permite ver las cosas como son y aceptarlas y expresarlas sin necesidad de mentiras o engaños. Es vivir de una manera clara y transparente.

La tolerancia nos permite sentir que los otros son distintos a nosotros y que gozan como nosotros del derecho a pensar, a actuar y a expresarse de su propia manera. La tolerancia nos hace sentir que nadie es dueño de la verdad, que cada persona es valiosa en sí misma.

El niño que siente amor valora la vida y la existencia del otro.

El niño que se siente libre tiene confianza en sí mismo y valora la vida y la libertad de los demás.

El niño que tiene amigos disfruta de uno de los grandes placeres que ofrece la vida.

El niño que se siente responsable aprende a ser libre e independiente. El niño que siente lealtad por alguien confía en los demás y en sí mismo. El niño sincero no miente y aprende a confiar en la palabra.

El niño tolerante reconoce que vivimos en un mundo donde todos somos distintos, y valora y acepta esas diferencias.