Parábola del retorno

Porfirio Barba Jacob (Antioquia-Colombia 1883-1942)

Señora, buenos días; Señor, muy buenos días...

Decidme, ¿es esta granja la qué fue de Ricard?

¿no estuvo recatada bajo frondas umbrías?

¿no tuvo un naranjero, y un sauce, y un palmar?


El viejo huertecito de perfumadas grutas

donde íbamos... donde iban los niños a jugar,

¿no tiene ahora nidos y pájaros y frutas?

Señora, ¿y quién recoge los gajos del pomar?

Decidme ¿ha mucho tiempo que se arruinó el molino

y que perdió sus muros, su acequia, su pajar?

Las hierbas ya crecidas ocultan el camino.

¿De quién son esas fábricas? ¿Quién hizo puente real?

El agua de la acequia, alma de linfa pura,

no pasa alegre y gárrula cantando su cantar;

la acequia se ha borrado bajo la fronda oscura,

y el arroyuelo límpido, ni riela ni murmura...

Señor ¿no os hace falta su música cordial?

Dejadme entrar, señores... ¡perdón! Si os importuno,

este precioso niño me puede acompañar.

¿Dejáis que yo le bese sobre el cabello bruno

que enmarca, entre caireles, su frente angelical?

Recuerdo... Hace treinta años estuvo aquí mi cama;

hacia la izquierda estaban la cuna y el altar...

Decidme, ¿y por los techos aún fluye y se derrama,

de noche, la armonía del agua en el pajar?

Recuerdo... Éramos cinco... Después, una mañana,

un médico muy serio vino de la ciudad;

hizo cerrar la alcoba de Tonia, y la ventana...

Nosotros indagábamos con insistencia vana,

y nos hicieron alejar.


Tornamos a la tarde, cargados de racimos,

de piñuelas, de uvas y gajos de arrayán.

La granja estaba llena de arrullos y de mimos:

¡y éramos seis! ¡Había nacido Jaime ya!

Señora, buenos días; Señor, muy buenos días.

Y adiós... Sí, es esta granja la que fue de Ricard,

y éste es el viejo huerto de avenidas umbrías,

que tuvo un sauce, un roble, zuribios y pomar,

y un pobre jardincillo de tréboles y acacias...

¡Señor, muy buenos días! ¡Señora, muchas gracias!