Partes de las plantas

Las hojas

Las hojas son muy importantes en la planta, porque ellas realizan la fotosíntesis, respiran y producen los alimentos. La respiración se produce durante el día y la noche; para ello, las plantas toman el oxígeno del aire y desprenden dióxido de carbono.

Así como los seres humanos sudamos cuando tenemos calor, los vegetales, a través de las hojas, eliminan parte del agua que absorben por las raíces. Este proceso se llama transpiración y se puede observar cuando guardamos las hojas de alguna planta dentro de una bolsa plástica y comprobamos que la bolsa se humedece con el agua que exudan las hojas. Si pudiéramos ver la hoja muy aumentada de tamaño, observaríamos que por debajo, en el envés, están los estomas que permiten que el oxígeno, el dióxido de carbono, los gases y el agua, salgan y entren de las hojas.

Adaptaciones de las hojas

Las hojas se adaptan a las condiciones en las que vive la planta, y adoptan la forma y la estructura que sean más útiles y convenientes; por esto, las hojas tienen gran variedad de formas y tamaños: las hay muy pequeñas, o muy grandes, como las de ‘la rascadera’ o las de las palmas, unas son simples y otras son compuestas. Las de los pinos, por ejemplo, tienen forma de aguja, otras son alargadas, elípticas, acorazonadas, redondeadas, etc. La variedad de las hojas es enorme.

Además de producir el alimento, las hojas le sirven a la planta para protegerla del clima o para defenderla de los depredadores, e incluso, para atraer a los polinizadores. Algunas, como las plantas insectívoras, tienen hojas muy especializadas que producen líquidos pegajosos o se cierran, para poder atrapar a los insectos que capturan y digieren para extraer nutrientes.

Los tallos y las hojas de las plantas se mueven todo el tiempo, muy lentamente, y por eso nosotros no podemos percibirlo; siempre están buscando la luz del sol, porque sin luz, la fotosíntesis no podría realizarse.

Las raíces

Las raíces sujetan la planta al suelo y la ayudan a mantenerse en pie, absorben el agua y los minerales que ésta necesita para poder crecer y desarrollarse y acumulan nutrientes. El desarrollo de las raíces de una planta depende de la profundidad del suelo, de la disponibilidad de agua y de la existencia de nutrientes. Las plantas desarrollan raíces que se adaptan a las condiciones del sitio donde viven: los mangles, por ejemplo, que viven en zonas inundadas, desarrollan raíces zancudas para poder elevarse por encima del agua; las orquídeas, los higuerones, los chagualos y algunas plantas parásitas, como ‘la golondrina’, tienen raíces aéreas que ayudan a sostener la planta; árboles muy grandes, como las ceibas, desarrollan en sus bases aletones o bambas que sirven para sostenerlos y darles estabilidad.

Dentro de la tierra, en la oscuridad del suelo, las raíces de cada planta establecen relaciones muy estrechas con los microorganismos que viven allí. Por ejemplo, las leguminosas, como el fríjol, la alverja o el chachafruto, tienen en sus raíces unas bacterias que les ayudan a fijar el nitrógeno que hay en la atmósfera y son llamadas bacterias nitrificantes. Hay plantas que forman en las raíces una relación muy estrecha con ciertos hongos: el árbol le brinda al hongo abrigo, azúcares y otros nutrientes para su supervivencia, y el hongo, a su vez, descompone la materia orgánica y se extiende por el suelo formando una red que sirve para absorber el agua y los minerales que la planta necesita; esta asociación se conoce con el nombre de micorrizas.

Los tallos

El tallo sostiene las hojas, las flores y los frutos. Está formado por una serie de tubos o vasos conductores que le permiten transportar y repartir el agua, las sales minerales y el alimento por toda la planta.

Los tallos, por lo general, son aéreos, erguidos y largos. Los tallos de algunas plantas son delgados, los de los árboles suelen ser gruesos y fuertes y se conocen con el nombre de troncos. En algunas plantas, el tallo está modificado: hay tallos subterráneos que almacenan nutrientes, como el tubérculo de la papa y los rizomas de la cebolla y el ajo; en otras, es rastrero, como el de la ahuyama y el pepino.

El tronco de los árboles constituye la madera propiamente dicha. La madera se clasifica según el color, la dureza y la resistencia. Hay maderas duras y finas, como el comino, el nazareno, el mangle, el sapán y el algarrobo; semiduras, como el cedro, el roble, el nogal, la caoba, el guayacán y el ciprés, y blandas, como el pino pátula, el caracolí, el urapán y el balso.

La corteza es la capa externa que recubre el tronco, las ramas y las raíces de los árboles, protegiéndolos de los cambios extremos del clima y del ataque de plagas y enfermedades. La corteza es diferente de la madera. Estas tienen distintos usos: la del roble y la de los mangles, por ejemplo, son ricas en tanino, que sirve para curtir el cuero; otras se emplean en la confección de ropa, calzado, cestos y canastos; algunas son apropiadas para producir medicinas, especies (la canela), pulpa de papel,corcho (el alcornoque) y para construir canoas, entre otros usos.

Las flores

Es sorprendente la variedad de formas, colores y tamaños de las flores. Algunas aparecen solitarias en el tallo; otras veces, varias flores pequeñas se agrupan para formar una inflorescencia más grande, esto sucede en las hortensias, el saúco, las palmas.

Las flores cumplen una función muy importante: sirven para que las plantas puedan reproducirse. Pero ¿cómo pueden las flores formar nuevas plantas? Lo hacen con la ayuda de los insectos, las aves mieleras, los murciélagos y el viento, por medio de un proceso fascinante, conocido como polinización.

Las plantas con flores son las más abundantes y pertenecen al grupo de las angiospermas. Sin embargo, no todas las plantas producen flores; los musgos y los helechos, por ejemplo, no tienen flores, porque se reproducen por esporas.