Plantar y transplantar, la clave de una buena huerta

Cuando las plantas ya han crecido lo suficiente en el semillero, es necesario trasplantarlas hasta el surco definitivo. Esta operación exige manipular las plantas con cuidado. Proteja las raíces con una mezcla que evite la pérdida de humedad y sirva también de alimento cuando la planta reinicie su actividad en el terreno en el que ha sido transplantada.


Ingredientes para hacer la mezcla protectora

Un galón de agua. Un kilo de arcilla o greda molida fino. Un pocillo tintero de roca fosfórica y uno de cal agrícola.
Para prepararla, se disuelve la arcilla en el agua, luego se le añaden la roca fosfórica y la cal y se revuelve bien.

Reglas básicas del trasplante

Tener todo listo: escoger previamente en el semillero las plantas más jóvenes y fuertes. Preparar la mezcla protectora y señalar las líneas de siembra con estacas e hilos.

Remover las plantas con cuidado, utilizando un tenedor o palín trasplantador y protegiendo las raíces con la mezcla protectora.

Sembrar verticalmente en el hueco dejando las raíces derechas y apretando bien la tierra alrededor del cuello de la planta al nivel del piso.

Realizar la operación de transplante por la tarde para evitar el sol fuerte y aprovechar la noche para que se adapten las plantas al nuevo suelo. Controlar en invierno que no haya demasiada humedad en el surco porque daña las raíces.

Las lechugas, el apio y la cebolla, arraigan y retoñan con más fuerza al cortarles la punta de las raíces y el tercio superior de las hojas.