En la tierra


Plantas y animales: la sociedad de la vida

Las plantas de un bosque nativo parecen estar organizadas en una sociedad donde comparten y compiten por la vida. Los árboles grandes, las palmas y las guaduas se elevan hasta lo alto para recibir sol. De sus troncos y ramas penden bejucos, lianas, parásitas y orquídeas que aprovechan la altura para estar cerca de la luz. Más abajo se encuentran árboles que pueden vivir y prosperar a la sombra de los más altos. En la hojarasca del suelo pelechan helechos, musgos y hongos, acostumbrados a vivir con poca luz y que necesitan la humedad del suelo.

También los animales habitan en diferentes alturas del bosque. En el suelo hay una enorme diversidad de insectos, lombrices, arañas y gusanos encargados de la descomposición de la materia orgánica, junto con millones de microbios que dan la fertilidad al suelo. Por el piso andan muy cerca del suelo lagartos y culebras, ratones y otros más altos como cerdos, vacas, caballos, perros y gatos junto con otro montón de animales de selvas y llanuras y nosotros. En lo alto, con sus casas en los árboles, hay monos, pájaros, murciélagos, búhos, abejas y avispas. Otros, como las ardillas y los tigrillos, recorren el espacio del bosque, a veces por arriba, a veces por abajo, para conseguir su alimento.

La finca: un universo diverso

Para que una finca sea productiva se debe imitar la diversidad natural, sembrando en ella una mezcla de diversas plantas.

El maíz, por ejemplo, sirve de soporte al fríjol, que se enreda en su tallo, mientras en el suelo se pueden sembrar auyamas.

Las plantas aromáticas y las medicinales, sembradas entre las hortalizas, controlan plagas y mejoran el suelo, pues fijan nutrientes. Estas se pueden sembrar abriendo pequeños claros entre las plantas de crecimiento espontáneo, mal llamadas rastrojos.

De esta manera, los insectos que habitan naturalmente en ellos no se alimentarán de las plantas que sembremos.

El suelo es como una piel que debemos proteger ayudándole a tener una cobertura de plantas. Esta puede estar conformada de residuos vegetales que formen un acolchado que evite la pérdida de humedad e impida que los rayos del Sol golpeen de manera intensa el suelo, ya que pueden matar a los pequeños organismos que dan vida a la tierra. Los residuos vegetales, junto con el estiércol de los animales domésticos, sirven de alimento a las lombrices, que a su vez son comida para las gallinas, los peces y los cerdos. El humus, el desecho de la lombriz, es un excelente abono para las plantas, cuyos frutos, hojas y raíces sirven de alimento para la gente y los animales, produciéndose así un ciclo de vida.

Nuestros indígenas, desde tiempos inmemoriales, practican la diversidad de cultivos. Una chagra o parcela amazónica puede tener hasta 70 variedades distintas, entre raíces, granos, frutales, palmas, tubérculos, plantas medicinales y hojas comestibles