Poemas a la tierra

Fragmentos

Gregorio Gutiérrez González (Antioquia-Colombia 1826-1872)


Hoy es domingo. En el vecino pueblo

las campanas con júbilo repican;

del mercado en la plaza ya hormiguean

los campesinos al salir de misa.


Hoy han resuelto los vecinos todos

hacer a la patrona rogativa,

para pedirle que el verano cese,

pues lluvia ya las rozas necesitan.


De golpe el gran rumor calla en la plaza,

el sombrero, a una vez, todos se quitan...

es que a la puerta de la iglesia asoma

la procesión en prolongada fila.


Va detrás de la cruz y los ciriales

una imagen llevada en andas limpias,

de la que siempre, aun en imagen tosca,

llena de gracia y de pureza brilla.


Brotaron del maíz en cada hoyo

tres o cuatro maticas amarillas,

que con dos hojas anchas y redondas

la tierna mata de frisol abriga.


El maíz con las lluvias va creciendo

henchido de verdor y lozanía,

y entorno de él, entapizando el suelo

va naciendo la hierba entretejida.


Queda el maíz en toda su belleza,

mostrando su verdor en largas filas,

en las cuales se ve la frisolera

con lujo tropical entretejida.


¡Qué bello es el maíz! Mas la costumbre

no nos deja admirar su bizarría,

ni agradecer al cielo ese presente,

sólo porque lo da todos los días.


Más distantes las hojas hacia abajo,

más rectas y agrupadas hacia arriba,

donde empieza a mostrar tímidamente

sus blancos tilos la primera espiga.


Forma el viento al mover sus largas hojas,

el rumor de dulzura indefinida

de los trajes de seda que se rozan

en el baile de boda de una niña.


La mata el seno suavemente abulta

donde la tusa aprisionada cría,

y allí los granos, como blancas perlas,

cuajan envueltos en sus hojas finas.


Los chócolos se ven a cada lado,

como rubios gemelos que reclinan

en los costados de su joven madre

sus doradas y tiernas cabecitas.