Recuerdos de mi abuelo


“A mi abuelo, uno puede tratar de definirlo de muchas maneras: querendón, noble, consejero, buen amigo, sagaz, audaz, trabajador, intuitivo, arrojado, orgulloso, generoso, digno, valiente, pero creo que si sigo nunca acabo. Resumo, entonces, con la mejor descripción que jamás oí de él: ‘es el hombre’ ”.

“Cuando mi abuelo caminaba por el campo parecía que conversara con los samanes, los cedros y los piñones, a los cuales limpiaba de chamizas. Admiraba cada cosa que veía: un árbol de mango criollo de 50 años, los guayabos rebosantes, un piñón florecido de orejas, el perfil de una montaña, la algarabía de unas gallinetas, el cacareo de una cubanita culeca, el amargo biche de un mango chancleto, el aullido expectante de un perro enrastrado”.

“Al abuelo le gustaba contar cuentos. Era un cuentero innato. Quienes lo escuchábamos nos transportábamos en una máquina del tiempo, alucinados con sus historias”.

“Cada día que compartí con mi abuelo me llena de recuerdos mágicos y enseñanzas. Noche tras noche, domingo tras domingo, todos íbamos a rendirle tributo a este genio enamorado de la vida que fue capaz de relatar mil historias en una, o una historia en mil historias”.