Ir a "la verdadera capital de la montaña" fue una aventura llena de mil colores. Llevábamos meses queriendo visitar sus veredas y compartir con sus comunidades. Era, sin exagerar, una cuenta regresiva, una alegre espera por visitar este hermoso rincón antioqueño.

Cuando estuvimos allí, no solo disfrutamos de sus vastos paisajes, de las montañas que se sobreponen unas con otras y del asomo del caudaloso Cauca; además, tuvimos la bella oportunidad de compartir los libros de la séptima colección con las familias pequenses y sus docentes rurales.

Cada escuela y caseta comunal fue un lugar de puertas abiertas en donde ocurrió la magia del encuentro, la lectura y la conversación. Peque, pueblo de inmensas montañas, nos recordó que la unión hace la fuerza y que la comunidad -unida- puede sortear cualquier tipo de obstáculo.

Hinchados de gratitud, como más no podemos estar, esperamos con ansias los encuentros venideros para que acontezca, una vez más, el regalo de la lectura compartida.

Texto: Claudia Hernández y Pablo Molina

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