Un lobo que estaba lleno de tanto comer divisó a una oveja tendida en el camino. Al acercarse, se dio cuenta de que la ovejita estaba aterrorizada.
—No temas, ovejita —le dijo el lobo con dulzura—. Si me dices tres verdades, te dejaré ir sin hacerte daño.
—La primera verdad —le contestó la oveja aún temblando— es que me gustaría no haberme encontrado contigo.
—¡Ajá! ¿Y la segunda?
—La segunda es que…, como ya te encontré, me gustaría que no tuvieras dientes o que fueras ciego.
—¿Y la tercera?
—La tercera —dijo con rabia la oveja—, ¡la tercera es que deseo que todos los lobos del mundo desaparezcan! Persiguen a las ovejas para matarlas sin que nunca les hayamos hecho nada malo.
El lobo reconoció que la oveja tenía razón y que era muy valiente por habérselo dicho. Y, como no estaba hambriento, la dejó ir.
