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La avispa jueza

La avispa jueza

Fedro, Italia

 

En el tronco hueco de un roble del bosque, las abejas construyeron un panal. Y los zánganos, que se habían pasado la vida sin hacer nada, al verlo lleno de miel, decidieron apoderarse de él.

Entonces, entre las abejas y los zánganos se entabló una disputa, y apelaron a una avispa de mucha experiencia para que actuase como jueza.

—Nosotros somos los que hemos recogido esa miel volando de flor en flor. Las abejas deben devolvernos ese panal —afirmaron los zánganos.

—No hay gran diferencia física entre abejas y zánganos —contestó la avispa—. Por lo tanto, es difícil saber quiénes tienen la razón. Pero, en mi calidad de jueza, tengo un deber que cumplir y no quisiera pronunciar una sentencia equivocada. Así pues, cada uno de los grupos en litigio debe construir una colmena y llenarla de miel. Aquel de los dos grupos que construya el panal más parecido al que está en el roble y cuya miel tenga el mismo sabor que la que hay allí será el dueño verdadero.

Los zánganos rechazaron esa proposición, pero las abejas se mostraron muy contentas.

Entonces, la avispa dijo:

—¡El caso está resuelto! Está bien claro quiénes son capaces de producir miel y quiénes no lo son. ¡Abejas, ya pueden volver a tomar posesión de lo que es suyo! ¡Gocen del dulce fruto de su trabajo!

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