
Un día, un perro que se creía muy avispado robó de la carnicería del pueblo un gran pedazo de carne. Luego corrió rápidamente y se alejó lo más que pudo para poder comérselo con tranquilidad.
Y cuando iba cruzando un puente sobre un profundo y tranquilo río, miró hacia abajo y vio reflejada su imagen en el agua.
“Ese perro que está allá abajo también tiene un trozo de carne. Y su trozo parece ser más grande que el mío. Además, ese perro tiene cara de bobo. Lo voy a asustar y me quedaré con los dos trozos de carne. ¡Qué listo soy!”, pensó.
Pero al abrir el hocico para ladrar, el pedazo de carne cayó al río, se hundió en el agua y desapareció.