Hace miles de años hubo dos príncipes enemigos que constantemente se amenazaban aprovechando cualquier pretexto.
Uno de ellos, el más joven, decidió declararle la guerra a su adversario y les ordenó a sus súbditos que se prepararan para la lucha. El otro príncipe, ni corto ni perezoso, aceptó el desafío.
Sin embargo, como habían pasado varios años desde la última batalla, el joven príncipe no recordaba dónde estaban guardadas su armadura y sus armas. Así que le pidió a su madre que le ayudara a buscarlas. Esa tarde, la señora regresó con su armadura y su espada.
—¿Y dónde está mi yelmo? —le reclamó el joven príncipe a su madre.
—No pude traerlo, está siendo usado por otros —contestó ella.
—¿Quién se atreve a usar mi yelmo? Yo mismo iré por él —vociferó el joven príncipe.
—No, por favor, no lo toques —rogó la madre mientras le impedía el paso.
—¿Cómo piensas que puedo ir a la guerra sin yelmo? —preguntó él.
—Mira, hijo, dentro de tu yelmo, que estaba en el patio trasero, una paloma hizo su nido. Y acaban de salir de sus huevos tres pequeñas crías. Las palomas son aves que nunca le hacen daño a nadie. ¿Cómo podrías destruir su nido? Eso traería desgracias a nuestro país.
El joven príncipe no quería discutir con su madre y se presentó al combate sin yelmo. Al verlo, el príncipe enemigo quedó sorprendido.
—¿Cómo se te ocurre venir a la guerra sin casco?
—Mi madre descubrió que en mi yelmo viven una paloma y sus polluelos. No quisimos hacerles daño.
El príncipe enemigo no podía creer lo que escuchaba, así que le pidió a uno de sus hombres que comprobara si la historia era cierta. Este fue hasta el castillo del joven príncipe y volvió lo más rápido que pudo.
—Pues sí. Dentro del yelmo hay tres palomas muy pequeñas con su madre. Se me hace que apenas ayer rompieron el cascarón —confirmó el enviado.
Entonces, el príncipe enemigo le tendió la mano a su contrincante.
—Hagamos la paz para siempre. Tu madre no quiso destruir el nido de la paloma y sus polluelos, ¿cómo podemos tú y yo querer destruir los hogares de miles de personas?
Desde aquel día, los dos príncipes fueron amigos y la paloma se convirtió en símbolo de la paz.
