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Ping, el jardinero

Ping, el jardinero

Anónimo, China

 

Hace muchos años, un niño llamado Ping vivió en la China. Su pasatiempo favorito era el cuidado de las plantas. Gracias a su dedicación, alrededor de su casa habían crecido cientos de hermosas flores. Era tan bello su jardín que la gente que pasaba se detenía a admirarlo.

El emperador de China también amaba las flores, pues pensaba que estas expresaban las cualidades de quien las cultivaba. Él era muy viejo y no tenía heredero, por lo que estaba buscando a una persona honesta que pudiera sucederlo en el trono.

Para encontrar a su sucesor se le ocurrió hacer un concurso. Convocó a todos los niños del reino y les informó que recibirían una semilla. El que volviera al cabo de un año con la flor más hermosa y cuidada heredaría el trono. Ping acudió por su semilla y al llegar a su casa la plantó en una matera. Luego la puso en el mejor lugar del jardín, donde recibía la luz del sol, y la regó todas las mañanas. Pero para su sorpresa, a pesar de los grandes cuidados, la semilla nunca germinó.

Transcurrió el año del concurso, cientos de niños se presentaron en el palacio del emperador con sus plantas. En la fila se podía apreciar un brillante colorido, pues todas las flores eran diferentes.

Cuando Ping vio las flores ajenas, lloró al ver que su maceta solo tenía tierra, y sintió que había fracasado.

En el gran patio, los niños se formaron orgullosos para exhibir sus logros. El viejo emperador, que caminaba con dificultad, veía una por una las flores y las plantas. Apreciaba sus colores e inhalaba su perfume sin hacer comentarios a ninguno de los participantes.

Cuando llegó frente a Ping, el niño se asustó mucho, pues pensó que el emperador lo regañaría porque no llevaba ninguna planta.

—¿Acaso no sembraste la semilla que te di? —le preguntó intrigado el viejo emperador.

—Claro que la sembré, pero, por más cuidados que tuve, nunca brotó una planta —explicó el pequeño Ping.

El emperador siguió examinando las flores de los demás niños. Al cabo de un rato informó que había tomado una decisión.

—Queridos niños, no comprendo de dónde salieron todas las maravillosas flores que he visto en sus materas. Les informo que las semillas que les di hace un año estaban hervidas y no podían germinar. Ping es el único honesto entre todos ustedes, pues tuvo el valor de traer la matera sin planta alguna. He decidido heredarle mi reino.

 

 

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Ilustraciones de Carolina Bernal C.

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