Anónimo, Europa
Estaban muy preocupadas las ratas desde que el granjero había conseguido un gato. Ya no podían corretear por allí alegremente, tomar el sol o comer con tranquilidad. Así que decidieron reunirse para discutir el problema, porque la vida se había vuelto muy peligrosa.
—¿Qué podemos hacer? —preguntó una de las ratas.
A nadie se le ocurría nada hasta que una pequeña rata dijo:
—El gato es muy silencioso, ¿no?
—Así es, así es —exclamaron todas.
—Nunca podemos oírlo cuando se acerca —continuó la pequeña rata—. Bueno, podríamos ponerle un cascabel al gato.
—¿Un cascabel? —preguntaron las ratas asombradas.
—Sí, un cascabel. Así, en cuanto se acerque, escucharemos un tilín tilín y todas tendremos tiempo de escapar.
—¡Qué maravillosa idea! —dijo una rata.
—¡Brillante! —señaló otra.
—Esa es la solución. Estamos salvadas —dijeron todas con alegría.
—Un momento, un momento—dijo la rata más vieja—. ¿Quién le pondrá el cascabel al gato?
Es fácil imaginar grandes soluciones, el problema es poder llevarlas a la práctica.