La palma que caminaEn las selvas inundadas de la costa pacífica colombiana crece una palma comúnmente llamada tagua o marfil vegetal. Cuando esta palma comienza a crecer, usa sus raíces para mover su tallo por el suelo, como si quisiera caminar por el bosque. Cuando no quiere que su corona de hojas, sus flores y sus frutos se sumerjan en los suelos inundados, se eleva con la ayuda de un tipo de raíces llamadas adventicias. De vez en cuando el peso de los frutos, o el impacto de una rama sobre ella, ocasiona que su copa caiga al suelo y se fragmente el tallo, pero ella vuelve a elevarse con la ayuda de sus raíces adventicias, y sigue recorriendo los bosques.

Bajo la sombra de las ramas de árboles y arbustos crece, escondida en los bosques de niebla, la pequeña orquídea Stelis concinna, casi imposible de ver a simple vista. Solo aquellos ojos curiosos y entrenados logran percibirla. Esta pequeña planta de hojas verdes, gruesas y en forma de lanza, tiene el mismo tamaño de un frijol. Sus flores solo crecen unos pocos milímetros, pero se cree que pueden emitir olores intensos para atraer visitantes a este pequeño universo. Aquellos que las han visto en el bosque cuentan que sus flores reaccionan a la luz, abriéndose en el día, y cerrándose totalmente en la noche. Este es uno de los increíbles secretos que esconde el mundo en miniatura.
El grano de los diosesEl maíz existe desde hace más de 9000 años; sin embargo, sus ancestros se veían un poco diferentes, e incluso eran llamados de otra manera: teosintle o teosinte. Para los nativos de Centroamérica, de donde es originario, este nombre significaba “hierba de los dioses” o “grano de dioses”. Los primeros maíces tenían muchos tallos, a diferencia del maíz actual, que solo tiene uno. La mazorca del teosintle era mucho más pequeña, sus granos estaban recubiertos por una cáscara muy dura y eran bastante difíciles de comer. Los agricultores, en busca de nuevos alimentos, comenzaron a seleccionar las plantas de teosinte que tuvieran las mazorcas más grandes y granos numerosos y blandos. También comenzaron a hacer cruces entre diferentes especies de maíz, que eventualmente formaron mazorcas más grandes, con más hileras de granos, lo que dio origen al maíz moderno, y a los cientos de variedades existentes.

El diente de león es una de las hierbas más ampliamente distribuidas en el mundo. Dondequiera que vayamos la podemos encontrar, y será inevitable querer soplarla. Lo que soplamos es un tipo de fruto llamado aquenio, que les sirve como un paracaídas que el viento dispersa fácilmente a largas distancias. La flor del diente de león es amarilla y, en realidad, son muchas flores juntas, lo que se conoce como inflorescencia. La próxima vez que soples un diente de león, ten presente que le estás ayudando a dispersar sus semillas.
Defensa en movimientoCada vez que nos encontramos con una dormidera queremos tocarla para ver cómo cierra sus hojas, y cada vez que lo hacemos nos maravillamos con ese suceso y nos preguntamos cómo lo hace. Este movimiento de las hojas se conoce como sismonastia, y es un mecanismo de las plantas para protegerse de los animales y del clima. Existen muchas plantas que reaccionan de esta forma al entrar en contacto con un animal, con el viento o con una gota de agua. Cuando uno de estos eventos sucede, los pequeños ejes que sostienen sus hojas pierden agua, se mueven hacia adentro y las hojas se cierran. La dormidera, al igual que un buen deportista, necesita rehidratarse para volver a la normalidad.
La flor de la pasiónCuando los misioneros españoles llegaron a Suramérica vieron en las flores de la familia pasiflorácea (maracuyá, granadilla, badea, curuba, etc.) los elementos de la pasión de Cristo y lo interpretaron como una señal divina. Este evento dio origen a la denominación flor de la pasión, donde cada parte representaba para ellos la crucifixión de Cristo: los cinco pétalos y los cinco sépalos juntos representan a los 10 apóstoles fieles; la corona de filamentos semeja la corona de espinas; los tres estigmas, que son las superficies que atrapan el polen, representan los tres clavos. Las cinco anteras, donde se alberga el polen, indican las cinco heridas recibidas en la cruz, y los zarcillos son los látigos con los que flagelaron a Cristo.