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El pueblo misak y los insectos como presagios

El pueblo misak y los insectos como presagios

Una hormiga me avisó

Cigarras reloj, hormigas que anuncian lluvias, abejas que advierten de visitas hurañas o luciérnagas que alumbran de colores las malas noticias. Para los hijos del agua, el pueblo misak, los insectos son, en muchos casos, presagios.

Una legión de hormigas con hojitas al lomo por un camino de herradura es signo de que vienen largas temporadas de lluvias y, a la vez, es una lección: “Guarda provisiones para superar la dificultad”.

Volando en el patio o la cocina, las abejas, avispas y abejorros avisan, en cambio, que vendrá de visita una persona muy seria. Cuentan los taitas que la laguna del Abejorro, en lo alto de una montaña en el Cauca, se llama así porque es brava como las abejas, y, cuando no quiere que alguien suba, hace aparecer el páramo (la neblina) para que llueva y la gente se pierda.

Las cigarras son relojes precisos. A las 4:00 de la tarde, dicen los mayores, cantan cuatro veces, avisando que es hora de volver a casa.

A los niños se les prohibía tocar cigarras y grillos porque podían desarrollar una voz muy fuerte, pero las abuelas solían recomendarles a las niñas lavarse las manos en telarañas para que aprendieran a tejer.

Los misaks solían atrapar escarabajos acuáticos y colocárselos en las tetillas para obtener sus habilidades de natación. Y aun les hacen a los niños masajes con cucarrones de cutícula gruesa para que crezcan igual de resistentes a estos insectos.

Polinizadores, fabricantes de suelos, controladores de plagas y uno de los grupos más diversos de seres vivos en la Tierra, los insectos son, también, mensajeros con alas.

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