En el mundo se han registrado alrededor de 10 770 especies de aves. En Colombia habitan 1966, de las cuales 97 son migratorias y 83 son endémicas. Con su fascinante diversidad, comportamientos y cantos, las aves han cautivado a los seres humanos desde tiempos inmemoriales. Estos seres alados se destacan por su capacidad incomparable para volar; magia posible gracias a que sus huesos son muy livianos y sus plumas son aerodinámicas, ya que cuentan con poderosos músculos pectorales, que además les otorgan gracia y habilidad en los cielos.
Entre las hazañas más notables de las aves se encuentran sus impresionantes travesías migratorias, que abarcan miles de kilómetros en busca de refugio y recursos para reproducirse y alimentarse. Durante el duro invierno de sus lugares de origen, muchas especies emprenden este viaje migratorio hacia regiones más cálidas y propicias. Colombia, con su diversidad de hábitats y climas, se convierte en un destino vital para estas aves migratorias al ofrecerles el refugio y los recursos necesarios para sobrevivir. De esta manera, muchas de estas aves pasan la mitad de sus vidas en el país, convirtiéndolo en un escenario crucial para su ciclo de vida y su supervivencia a largo plazo.
Su diversidad de colores y plumajes, los vibrantes tonos de los loros y los colibrís o los patrones camuflados de las aves rapaces hacen de ellas criaturas asombrosas y peculiares.
En Colombia, el país con la mayor diversidad de aves del mundo, podremos observar numerosos ejemplos de las interacciones de ellas con los lugares en los que habitan, y con otros seres de la Naturaleza.
En la polinización de flores, la dispersión de semillas y el control de poblaciones de insectos, estos seres alados son fundamentales para los bosques, páramos, desiertos, sabanas y humedales.
Algunas especies de garrapateros, atrapamoscas y garzas se alimentan de parásitos que hallan en la piel de grandes mamíferos o en el suelo donde caminan, con lo que demuestran una forma de coexistencia pacífica y mutuamente beneficiosa. Además, existen aves como el paujil de pico azul que alertan a otros animales sobre la presencia de depredadores.
Otro gran ejemplo del papel fundamental de las aves en el equilibrio de la Naturaleza es el de las aves carroñeras. El cóndor andino y los gallinazos contribuyen a eliminar cadáveres y desechos orgánicos que de otro modo podrían convertirse en foco de enfermedades y contaminación. Esta acción ayuda al ciclo de descomposición y dispersión de los nutrientes, ya que, al consumir estos desechos, abonan el suelo con sus excrementos.
