Las aves tienen columna vertebral (vertebrados), ponen huevos (ovíparos), están recubiertas de plumas y, a diferencia de los reptiles no aviares, mantienen su sangre a una temperatura constante y relativamente alta en comparación con la temperatura ambiental. Tienen dos patas, dos alas (normalmente aptas para el vuelo) y un pico sin dientes.
Las aves han conquistado la mayoría de los ecosistemas de la Tierra y han desarrollado características físicas y comportamientos que les permiten adaptarse a ellos.
Mientras que algunas aves miden apenas unos centímetros (1), otras llegan a medir varios metros (2). El tipo de cuerpo de las aves también está relacionado con el lugar en el que habitan y sus estilos de vida. Hay cuerpos adaptados para flotar y nadar (3); largas alas para volar miles de kilómetros sin parar (4) o planear durante horas en búsqueda de alimento; cuerpos y alas redondeadas para navegar por entre la vegetación del bosque (5); y colas largas para mantener el equilibrio o llamar la atención (6).
Según dónde habiten y cuáles sean sus costumbres, las aves han desarrollado diferentes tipos de patas: unas con membranas en sus dedos para nadar (1); otras especiales para trepar troncos o paredes rocosas (2); otras para posarse en las ramas de las plantas (3); otras son garras para atrapar presas (4); y algunas tienen patas más robustas para poder escarbar el suelo en busca de alimento (5).
La forma y estructura de sus picos nos hablan del tipo de alimentos que consumen. Los colibrís (1), por ejemplo, tienen un pico en forma de tubo alargado y delgado para chupar el néctar de las flores; los picos filudos de los loros (2) les sirven para abrir frutas y nueces; los tucanes (3) los utilizan para alimentarse de huevos y polluelos de otras aves, de lagartijas e incluso de roedores, y para alcanzar frutas; las aves rapaces como águilas y gavilanes (4) tienen picos afilados y en forma de gancho para desgarrar carne; los pelícanos (5) tienen picos aptos para entrar al agua, con una bolsa de piel donde guardan sus presas. Otras como garzas o patos (6) tienen picos especializados para buscar en el lodo, los atrapamoscas (7) lo adaptaron para capturar insectos y los mágicos carpinteros (8) lo utilizan para perforar la madera. Los gorriones (9) tienen picos cortos y gruesos para comer granos y semillas, y los martines pescadores (10) lo tienen largo y fuerte para clavarse en el agua y capturar pequeños peces.
La capacidad de producir cantos y llamados es una habilidad distintiva de todas las aves.
Dentro del mundo de las aves, quienes tienen más desarrollados sus cantos son las del grupo de los passeriformes o pájaros cantores (Árbol de las aves, páginas 150 y 151). Estos tienen una capacidad notable para el aprendizaje y la adaptación a sus entornos y una amplia variedad de vocalizaciones.
Dentro de este grupo algunos logran aprender nuevos sonidos que incorporan a su repertorio; es como si aprendieran otra forma de hablar. Por esto, los cantos de estos pájaros pueden variar entre un lugar y otro. Mirlas, sinsontes, tangaras, cucaracheros, jilgueros y turpiales son ejemplos de aves que aprenden nuevas tonadas. Las loras y los colibrís también poseen una notable capacidad para aprender y emitir una variedad de vocalizaciones, y son capaces de imitar y aprender ciertos sonidos del entorno que los rodea, lo que les permite comunicarse de manera efectiva y adaptarse a diferentes situaciones.
Los cantos les sirven a las aves para comunicarse, para transmitir información sobre el territorio, repeler intrusos, atraer a las parejas potenciales y alertar sobre la presencia de depredadores.
El órgano responsable de la producción de sonidos se llama siringe, equivalente a la laringe de los humanos, donde están nuestras cuerdas vocales.
Lo más fascinante de los sentidos de las aves es la extraordinaria agudeza y diversidad que poseen para percibir el entorno que las rodea.
Vista
Muchas aves tienen una gran capacidad para percibir la luz y los colores, lo que les permite, entre otras cosas, ver la luz ultravioleta, algo que no podemos hacer nosotros sin la ayuda de lentes especiales. Algunas aves se visten de plumajes vistosos, coloridos y hermosos para llamar la atención, mientras que otras usan plumas poco coloridas para camuflarse en el ambiente. Los búhos, por otro lado, tienen una visión nocturna excepcional y las águilas y otras rapaces pueden ver entre cuatro y ocho veces mejor que los humanos en términos de resolución visual y claridad.
Oído
El sentido del oído de las aves es muy poderoso. Algunas de ellas pueden captar sonidos imperceptibles para los humanos y detectar llamadas de compañeros o la presencia de depredadores. El sentido del oído es el que les ha permitido el desarrollo de trinos, cantos y otros efectos sonoros.
Tacto
El sentido del tacto les sirve para percibir texturas y temperaturas, y las guía en el arte de la construcción de nidos. Gracias a los receptores sensoriales de sus picos, las aves pueden explorar las características de sus alimentos e interactuar con sus semejantes por medio de caricias y acicalamientos.
Gusto
Los seres humanos tenemos hasta 10 000 papilas gustativas para diferenciar sabores; la mayoría de las aves no tienen más de 40, por lo que no sienten los sabores con la misma intensidad que nosotros, por lo cual pueden consumir más alimentos con sabores amargos, picantes o ácidos.
Olfato
Todas las aves respiran a través de orificios nasales o narinas ubicadas en la base del pico. Algunas de ellas tienen capacidades olfativas que les permiten ubicarse y encontrar alimentos, como las aves marinas y los gallinazos.
Otros sentidos
Las aves migratorias tienen la capacidad de orientarse usando el campo magnético de la Tierra. Gracias a esta habilidad pueden viajar miles de kilómetros sin perder el rumbo, muchas veces en territorios desconocidos. Otras aves, como el llamativo guácharo, pueden volar en ambientes oscuros y cerrados como cavernas por medio de mecanismos parecidos a la ecolocalización.
Los nidos de las aves son ejemplo de la ingeniería y creatividad de la Naturaleza que demuestran la adaptabilidad y destreza única de cada especie para construir su hogar. Con una precisión y delicadeza asombrosas, las aves utilizan sus patas y picos para seleccionar cada material, y combinan ramas, hojas, fibras, barro, telarañas, líquenes y musgos para crear equilibrio entre forma y función. Cada nido es una obra de arte viva y un microcosmos de la Naturaleza.
Entre las tácticas de construcción más notables se encuentra la de los colibrís, que camuflan sus nidos con líquenes, musgos y cortezas, usan telarañas y fibras finas para crear nidos elásticos que se expanden a medida que crecen los polluelos.
Algunas golondrinas utilizan una mezcla de barro y saliva para construir sus nidos y adherirlos a diferentes superficies.
Los carpinteros perforan troncos de árboles para alojar sus huevos, un testimonio más de la diversidad de técnicas de construcción de nidos en el reino de las aves.
Los flamencos construyen pequeños montículos de barro con forma de volcán, donde depositan sus huevos. Estos nidos elevan a los huevos por encima del terreno húmedo y están diseñados con zanjas alrededor para desviar el agua y proteger a huevos y polluelos.
Las oropéndolas, por otro lado, tejen sus hogares con fibras naturales en forma de mochilas colgantes. Varias parejas pueden construir sus nidos en un mismo árbol, y crean una especie de vecindario.
Las aves, al igual que los insectos, reptiles y anfibios, son ovíparas, es decir, ponen huevos. Generalmente, las hembras ponen en promedio de dos a tres huevos, y en algunos casos más de una docena. La incubación puede variar entre 10 y 50 días, dependiendo de la especie. Los colores, tamaños y formas de los huevos están relacionados con los hábitos alimenticios, el clima en el que viven y los comportamientos de las aves.
Los polluelos de muchas especies tienen una punta dura en el pico que les sirve para romper el cascarón y salir al mundo exterior. Esta pequeña punta dura se cae luego de que los polluelos eclosionan. A partir de este momento, los padres llevan alimento a sus crías mientras ellas desarrollan sus plumas, aprenden a volar y aprenden de sus padres las habilidades necesarias para vivir.
En el mundo de los huevos de las aves podemos encontrar extremos notables en cuanto a tamaño. Por ejemplo, el huevo del avestruz, con su cáscara de dos milímetros de espesor, es 4500 veces más pesado que el del colibrí, que pone huevos diminutos de apenas 15 milímetros de largo.
Los huevos de las aves pueden ser muy variados en su coloración. Algunos son claros, otros oscuros, hay con pintas y hasta de colores. Por ejemplo, los huevos de las diferentes especies de tinamú son notables por su colorido y brillo distintivo, que varían entre una especie y otra con tonos intensos de verde, púrpura, violeta, turquesa, gris acero, chocolate y amarillo limón.
Algunas aves como el chamón (Molothrus bonariensis) dejan sus huevos en los nidos de otras especies para no tener que cuidar a sus polluelos.