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Preparación de las arcillas

Preparación de las arcillas

Las arcillas pueden tener procesos de preparación muy diferentes según su tipo, la tradición alfarera del lugar o la paciencia y recursos de quien las va a utilizar. Explicaremos algunos métodos simples que pueden servir, pero cada quien va perfeccionando según sus necesidades, los recursos con los que cuente y la observación que realice de su materia prima.

 

Preparación en seco

 

Preparación en húmedo

Esta puede realizarse de varias maneras.

Variante 1

 

 

 

Cuando la arcilla tenga una contextura que permita moldear con ella (ni tan seca que se desharine ni tan húmeda que se pegue de las manos), retírala del sol y guárdala en una bolsa plástica.

 

 

 

Amasado

Amasar la arcilla es una parte muy importante del proceso. Cuando se amasa bien, la arcilla adquiere mejor contextura, se suaviza, la humedad se distribuye de forma pareja y se eliminan las burbujas (que explotan y dañan las piezas en las quemas). Además, puedes aprovechar para quitar las piedritas grandes y pequeñas que puedan haber quedado. Es un momento para familiarizarse con la textura de la arcilla, conocer sus propiedades y para qué puede servir.

Para amasar conviene separar una porción que puedas contener en las dos palmas de tus manos unidas (o más pequeña) y comenzar a amasar con la base de las manos sobre una superficie lisa y limpia. Si tienes una porción pequeña, puedes amasarla simplemente entre las palmas de tus manos. Amasa hasta conseguir una textura homogénea.

Con el fin de facilitar el amasado, la arcilla debe estar levemente húmeda, para que resulte lo suficientemente blanda, pero no tan húmeda que se pegue demasiado en la piel.

 

Acabados

 

Bruñido

El bruñido es un procedimiento usado para impermeabilizar, sellar poros, darles suavidad a las piezas cerámicas y otorgarles un brillo característico que las embellece. Para bruñir podemos utilizar una cuchara metálica, una piedra muy lisa o incluso el dedo forrado en una bolsa de plástico que se frota con firmeza y cuidado sobre la cerámica sin quemar. Esta fricción debes hacerla siempre en la misma dirección (por ejemplo, de arriba hacia abajo), para que las partículas de la arcilla se ordenen. La pieza debe estar suficientemente seca para no deformarse con la presión que ejerces sobre ella, pero no tan seca para evitar que se quiebre y la superficie reciba la textura lisa que le transfieres. De la herramienta que utilices dependerá el brillo que adquiera y el nivel de impermeabilidad.

 

Engobes

Los engobes son arcillas muy diluidas en agua, viscosas, que puedes utilizar para darles color a las piezas y que además ayudan a sellar poros. Puedes elaborar engobes cerniendo muy finamente alguna arcilla que recolectes y luego agregándole agua hasta que quede líquida, pero con una textura cremosa o viscosa. Después la puedes aplicar con un pincel sobre las piezas antes de quemarlas. Ten en cuenta que las arcillas cambian de color al ser sometidas a altas temperaturas, por lo que los engobes, al estar compuestos de arcilla, también cambian de color. Conviene que pruebes tus engobes para saber qué colores adoptan al ser quemados.

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