Mientras que las plantas primitivas y los dinosaurios habitaban el planeta, surgieron las angiospermas, un grupo de plantas con flores y frutos que cambiaría rápida y drásticamente los ecosistemas. Se estima que aparecieron hace aproximadamente 180 millones de años. Con un poco más de 354 000 especies, representan más del 90 % de la flora del mundo y se convirtieron en parte fundamental de los ecosistemas. A los seres humanos nos brindan alimentos, medicinas y materias primas. Sin ellas, la vida humana, como hoy la conocemos, sería inconcebible.
El éxito de las angiospermas se debe a dos novedades impresionantes: las flores y los frutos, gracias a los cuales ya no dependían solamente del aire y el agua para la polinización y la dispersión de las semillas, sino que empezaron a crear estrechas y muy variadas relaciones con los animales para asegurar su supervivencia y propagación. Las flores ofrecen a los insectos, aves y mamíferos el polen y néctar que les sirven de alimento. Los animales, a cambio de ese alimento, realizan una polinización altamente efectiva, que asegura el surgimiento de frutos y semillas. Estos frutos, a su vez, servirán como alimento a otros animales que los comerán y llevarán sus semillas a otros lugares, donde crecerán nuevas plantas. Las angiospermas se dividen en los siguientes grupos:

Este es uno de los primeros grupos de plantas con flores, e incluye a los nenúfares como la victoria regia (Victoria amazonica) y el nenúfar blanco (Nymphaea alba). Las hojas y flores de estas plantas flotan en el agua y, cuando sus frutos se desarrollan, se sumergen y liberan sus semillas, las cuales serán dispersadas por las corrientes.
Las magnólidas se consideran el grupo de angiospermas más antiguo y cuenta con más de 10 000 especies. Pueden ser hierbas, árboles o arbustos. Son difíciles de distinguir a simple vista, ya que las diferencias que presentan con las demás angiospermas son sutiles, como estructuras florales dispuestas en espiral, una característica que se considera muy antigua. El estudio de sus genes ha dado grandes pistas a la ciencia para comprender la historia de las plantas.
Dentro de este grupo se destacan especies de alto valor económico, cultural, ornamental y ecológico como la pimienta negra, el aguacate, la canela, la guanábana y los magnolios.

La razón por la cual a este grupo de plantas se le conoce como monocotiledóneas es porque la semilla solo tiene un cotiledón, que es lo primero que vemos cuando una planta germina. Es una hoja especial que sirve como reserva de alimento para la semilla mientras germina y la pequeña planta desarrolla sus hojas. Las monocotiledóneas son al menos 74 000 especies y comprenden pastos, orquídeas, palmas, cereales, guaduas, bambúes, lirios y plátanos, entre muchas otras.
Dentro de las monocotiledóneas existe una gran diversidad de formas de crecimiento, desde hierbas terrestres, como el pasto estrella, característico de los potreros; hierbas acuáticas, como la lenteja de agua, frecuente en lagos y lagunas; plantas trepadoras como el cestillo, utilizado para elaborar canastos; plantas con un tallo parecido a los árboles, pero que no son leñosas, como la palma de yuca, común en jardines, de la que se puede extraer jabón; y las plantas epífitas, como las bromelias y las orquídeas, que crecen pegadas a los troncos y ramas de los árboles.

EudicotiledóneasLa mayoría de eudicotiledóneas tienen dos cotiledones, y son el grupo más diverso de plantas dentro de las plantas con flores y frutos (angiospermas), con un poco más de 210 000 especies descritas en todo el mundo. Las familias de plantas con el mayor número de especies se encuentran dentro de este grupo: asterácea, la familia del girasol, la lechuga y la manzanilla; fabácea, la familia del chachafruto, el samán y el frijol; y rubiácea, la familia del café.
Para adaptarse a las diferentes condiciones ambientales, las plantas no solo tuvieron que desarrollar diferentes hábitos y formas de crecimiento (hierbas, árboles, arbustos, parásitas, enredaderas, entre otras), sino que también diversificaron la forma y función de sus raíces, tallos y hojas.