>

>

>

Aves de los bosques

Aves de los bosques

Estas aves se adaptaron a los diversos ecosistemas que caracterizan a las zonas boscosas de las cordilleras colombianas.

Desde las alturas de nuestras montañas, la imponente águila andina (Spizaetus isidori) (1) controla con destreza las poblaciones de otras aves, mamíferos y reptiles.

Los caciques candela (Hypopyrrhus pyrohypogaster) (2) viven en familias numerosas, se alimentan de frutas e insectos y pintan de rojo el verde del paisaje.

El jacamar (Galbula ruficauda) (3) es un audaz cazador y captura en el aire mariposas, libélulas y avispas en medio de los bosques tropicales y las sabanas.

En las copas de los árboles, en el dosel, habita la tangara multicolor (Chlorochrysa nitidissima) (4), que despliega sus colores deslumbrantes mientras busca insectos debajo de las hojas colgándose de las ramas en formas acrobáticas.

La presencia del cabezón dorsiblanco (Capito hypoleucus) (5) nos habla de la buena salud del bosque. Viven en familias de hasta ocho individuos que siempre van cantando y construyen sus habitaciones comunales en árboles viejos, al mejor estilo de un edificio.

El loro orejiamarillo (Ognorhynchus icterotis) (6) vive en bandadas ruidosas y es el guardián y habitante de la emblemática palma de cera, el árbol nacional de Colombia.

El colibrí del sol (Coeligena orina) (7) ilumina el paisaje de los páramos con su verde iridiscente. Este habitante de la alta montaña se alimenta de néctar, polen y savia, desempeñando un papel esencial en la polinización.

Mientras tanto, por el suelo, el paujil de pico azul (Crax alberti) (8), con su ruidoso llamado (pujido), actúa como el guardián de los bosques alertando a otras especies sobre la presencia de depredadores; y el pequeño y recién descubierto tororoi de chamí (Grallaria alvarezi) (9) agrega una capa de misterio y nos recuerda la riqueza inexplorada de la biodiversidad colombiana.

Los barranqueros (Momotus aequatorialis) (10), con su cola pendulante y su capacidad para permanecer quietos durante largos periodos, son los observadores sigilosos de los bosques.

Al cuco ardilla (Piaya cayana) (11) se le ve saltar y trepar con movimientos cortos que lo asemejan a una ardilla.

El carriquí verdiamarillo (Cyanocorax yncas) (12) impresiona con su inteligencia y capacidad de imitar sonidos y adaptarse a entornos modificados por los humanos.

El pichí collarejo (Pteroglossus torquatus) (13) muestra su destreza al alimentarse de frutas y contribuir a la dispersión de semillas y la regeneración de los ecosistemas.

El carpintero payaso (Melanerpes formicivorus) (14) se destaca por su habilidad para tallar la madera del bosque.

El trogón collarejo (Trogon collaris) (15) nos deslumbra con su plumaje vibrante en los bosques.

La mirla patiamarilla (Turdus fuscater) (16) contribuye con sus melodías al sonido característico de los campos colombianos.

El cucarachero común (Troglodytes aedon) (17) exhibe un comportamiento vivaz, mientras explora arbustos y jardines con agilidad e ingenio en la búsqueda de insectos.

El currucutú (Megascops choliba) (18) despierta la noche con su distintivo ulular; es un gran maestro del camuflaje entre las hojas y un observador silencioso.

El gallito de roca andino (Rupicola peruvianus) (19) es un símbolo de los Andes gracias a sus coloridos y elaborados rituales de cortejo.

El toche enjalmado (Ramphocelus flammigerus) (20) atrae las miradas con su plumaje vibrante y desempeña un papel crucial en la dispersión de semillas en los bosques tropicales.

Al montañerito paisa (Atlapetes blancae) (21), especie que solo habita en Antioquia, le encanta vivir en los rastrojos y bordes de bosque de las altas montañas.

Contenidos relacionados:

Compartir