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Cómo son los insectos

Cómo son los insectos

Los insectos se caracterizan por tener tres pares de patas, un par de antenas y un cuerpo dividido en cabeza, tórax y abdomen. La mayoría tiene dos pares de alas. Cuentan con un sistema digestivo completo que les permite asimilar nutrientes y expulsar los desechos, y con un sistema circulatorio abierto, en el que pequeños corazones bombean un líquido que transporta los nutrientes por todo su cuerpo, así como lo hace la sangre de los vertebrados. A diferencia de estos, el oxígeno no se transporta por este mismo sistema, sino por una red de pequeños tubos conocida como sistema respiratorio traqueal. Para moverse y responder a lo que pasa a su alrededor, los insectos tienen un sistema nervioso especial dividido en ganglios que controlan las partes de su cuerpo.

 

Visión de 360 grados

Una de las características distintivas de todos los insectos es que tienen ojos compuestos que se comportan como lentes, formando un mosaico visual con perspectiva de 360 grados. Cada uno de estos ojos está compuesto por miles de pequeñas lentes llamadas omatidios, que juntas crean una imagen detallada y panorámica de su entorno. Esto les sirve para detectar el más mínimo movimiento y capturar presas en pleno vuelo. Además, esta visión les ayuda a esquivar depredadores y navegar con precisión mientras vuelan. ¡Imagínate tener ojos que te dejen ver en todas las direcciones al mismo tiempo! Es como si los insectos tuvieran un superpoder que les ayuda a sobrevivir y prosperar en su mundo.

 

Sensibilidad al límite

Los insectos tienen un par de antenas en la cabeza que les sirven para tocar, oler y detectar humedad y temperatura. Estas varían en forma y tamaño.

 

Prodigios de la aviación

El éxito de los insectos se debe, en gran parte, a su capacidad para volar. Normalmente los insectos adultos tienen dos pares de alas que salen del tórax, y, dependiendo del insecto, tienen modificaciones.

 

Dime cómo es tu boca y sabré qué comes

Los aparatos bucales de los insectos nos cuentan cómo y de qué se alimentan. Cuando el alimento es sólido, aquellos son de tipo masticador, con mandíbulas a cada lado de la cabeza para pellizcar y cortar el alimento (1), como en los grillos, las mantis religiosas, las avispas y los escarabajos. Algunos como las abejas tienen, además, una lengua para consumir líquidos (2). Los insectos chupadores se alimentan de líquidos y tienen las piezas bucales transformadas para sorber o chupar. En el caso de las cigarras (3) y los zancudos (4), las partes bucales les sirven para perforar y succionar el alimento. La mayoría de las moscas, en cambio, chupan sustancias líquidas sin perforar las superficies (5), y las mariposas chupan a través de un largo canal, la espiritrompa, que enrollan y extienden para alimentarse (6).

 

Alimentación, lo que haces por hambre

Hay cinco categorías principales de insectos según su alimentación: los que se alimentan de plantas, los que se alimentan de hongos, los que se alimentan de materiales en descomposición de origen animal o vegetal, los depredadores y los parásitos.

Muchos estímulos pueden atraer a los insectos hacia su fuente de alimento. Los saltamontes pueden detectar las plantas de las que se alimentan por el olor; las formas y los colores de las flores atraen a diferentes especies de abejas; las moscas se posan sobre el alimento y pueden probarlo gracias a receptores químicos ubicados en sus patas; las mariposas prueban con sus patas el azúcar y de esta manera estimulan su lengua (espiritrompa) para chupar.

Los tábanos y muchos mosquitos y chinches son hematófagos (se alimentan de sangre), y para encontrar a sus presas son capaces de percibir sus movimientos, su temperatura corporal, su humedad y hasta su respiración.

 

Maestros de la defensa, de la ofensa y del engaño

Para sobrevivir, los insectos han desarrollado muchas y muy variadas estrategias.

Muchos insectos se hacen los muertos, pliegan sus patas, caen al suelo y permanecen inmóviles cuando son atacados o perturbados (1).

Existen insectos que viven dentro de tejidos de plantas o de otros animales, bajo las rocas, dentro del suelo o que construyen sus propios refugios. Dentro de los nidos, los insectos sociales, como hormigas y abejas, protegen a sus crías hasta que completan su desarrollo. En otras especies, como los tricópteros, las larvas viven solas y construyen sus propios refugios para protegerse hasta el momento de la metamorfosis (2).

A la hora de camuflarse, ningún grupo animal muestra tantas estrategias como los insectos. Presentan colores que los camuflan con las superficies de cortezas (3), hojarasca o suelo, como en los escarabajos de antenas largas. Mantis religiosas (4) y mariapalitos (5) tienen estrategias en las que todo su cuerpo luce como flores, hojas y pequeños tallos de una planta.

En un proceso que se conoce como mimetismo mülleriano, algunas especies han adoptado patrones visuales similares para engañar a sus posibles depredadores. Por ejemplo, las mariposas del género Heliconius tienen un sabor desagradable y el depredador que pruebe la primera aprenderá que no son comestibles (6).

Por otro lado, en el mimetismo batesiano, una o más especies inofensivas imitan a una especie venenosa. Por ejemplo, las moscas helicóptero, que son inofensivas, se parecen a especies de abejas o avispas y logran engañar a sus atacantes para que no se las coman (7).

 

Por otro lado, hay insectos que se toman la defensa como una oportunidad de ataque. Las orugas de algunas polillas pueden dar un toque ofensivo con sus espinas o pelos urticantes a quien las toque, y causar una irritación severa, incluso un envenenamiento grave. Otras orugas tienen fluidos corporales con sabores que provocan que sus depredadores las desechen.

Otros, como el escarabajo bombardero, pueden disparar desde su ano un líquido caliente que irrita al depredador y le deja claro que no quiere ser molestado.

Cuando de venenos se trata, abejas, avispas y hormigas pueden inyectar sustancias a sus atacantes con el propósito de defender sus colonias.

 

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