Un matrimonio de campesinos compró un día una gallina en el mercado. A la mañana siguiente, muy temprano, se levantó la mujer para ver si la gallina había puesto un huevo.
Cuando se acercó al gallinero se llevó una sorpresa. La gallina había puesto un huevo que no era como los demás, ¡era de oro! Y esto comenzó a repetirse cada dos o tres días.
Los campesinos estaban asombrados y muy felices. Con el dinero de la venta de los huevos de oro se compraron buena ropa y muchos animales, arreglaron la casa y contrataron varios trabajadores para que se ocuparan de todas las faenas de la finca.
Pero una mañana, el campesino se puso a pensar que dos o tres días era demasiado tiempo para esperar un huevo de oro. Así que le dijo a su mujer:
—¡Qué cansancio tener que esperar tanto para que esta gallina nos dé apenas un huevo de oro cada dos o tres días! ¿No te parece mejor matarla, abrirle la panza y quitarle todos los huevos de una buena vez?
La mujer pensó que era una buena idea.
El hombre tomó un cuchillo, abrió la gallina y vio que adentro era exactamente igual a cualquier otra gallina y no había ni un solo huevo de oro.