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La montaña, las piedras y el río son gente

La montaña, las piedras y el río son gente

Naturaleza, cuidado y bellas dependencias. “Los indígenas no podríamos reconocernos sin la conexión con la Madre Tierra, con sus latidos, su respiración y sus frutos. Ella es un ser vivo al que tenemos que proteger siempre, hasta el final de nuestros tiempos”.

“La montaña, las piedras y el río son gente y hay que respetarla”, dicen los pueblos indígenas en Colombia. Al igual que muchas comunidades campesinas, saben que la Naturaleza no es una mina de recursos por extraer, sino un tejido de dependencias por proteger.

Cuidar al jaguar es cuidar la selva. Cuidar el árbol es cuidar el caudal del río. Cuidar la Sierra Nevada es cuidar el corazón del mundo y la salud del planeta. Cuidar a las abejas significa cuidar el ñame, el plátano, la yuca y los bosques, y ayudar a que el mundo respire.

Los pueblos indígenas siembran plantas diversas en un mismo lugar imitando la vegetación natural. Plantan juntas las tres hermanas: maíz, frijol y calabaza: el maíz proporciona un soporte para los frijoles, los frijoles fijan nitrógeno en el suelo y la calabaza actúa como cubierta vegetal reteniendo la humedad y controlando las malas hierbas.

Estas comunidades toman con respeto lo que precisan para vivir, dejan descansar el suelo después de las cosechas, preservan las fuentes de agua… Los pueblos del Cauca, por ejemplo, no cultivan el páramo, pues es un lugar sagrado donde se gesta la sabiduría, habitan seres poderosos y donde crecen las plantas frías, bravas y de poder.

“Si sacamos de la Naturaleza más de lo que necesitamos, creamos un desequilibrio y desencadenamos enfermedades”, dice el pueblo miraña, del sur del Vaupés.

Para los indígenas, la tierra nos pertenece a todos: a los insectos, a las plantas, a los espíritus y a los animales.

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