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La zorra y la cigüeña

La zorra y la cigüeña

Félix María de Samaniego, España

 

La zorra siempre había pensado que la cigüeña era muy boba y, un día, decidió hacerle una broma para demostrar su teoría. Así que la invitó a cenar a su casa, preparó una rica comida y la dispuso sobre una mesa bien adornada.

Cuando llegó la cigüeña, sintió unos deliciosos aromas que le abrieron el apetito. Pero cuando se sentaron a la mesa, se dio cuenta de que la zorra había puesto todos los manjares en platos grandes y muy planos, y ella no podía comer nada con su pico largo y fino. Sin embargo, no dijo nada.

Cuando la zorra terminó de comerse toda la cena, la cigüeña le agradeció la invitación y se fue. La zorra, apenas cerró la puerta, soltó la carcajada y se echó al suelo a reírse.

Unas semanas después se encontraron cerca del estanque y la cigüeña invitó a la zorra a cenar. La zorra aceptó inmediatamente y se fue a su casa sonriendo mientras pensaba: “Esta cigüeña es muy boba, está muy agradecida por la invitación que le hice”.

La cigüeña también se esmeró en preparar una comida exquisita. La zorra llegó puntual y se le hizo agua la boca al sentir los tentadores olores que venían del comedor. Pero cuando se sentaron a la mesa, la zorra se dio cuenta de que todo estaba servido en frascos de largo y fino cuello, donde solo cabía el pico de una cigüeña, y no el hocico de una zorra.

La cigüeña comió con apetito y, cuando estuvo satisfecha, dijo:

—¿Qué opinas de la cena? Es una comida tan sabrosa como la que tú me preparaste.

 

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Ilustraciones de Carolina Bernal C.

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