Todos los animales, incluidos los humanos, compartimos algunas características que son observables a simple vista: respiramos oxígeno, nos alimentamos de otros seres vivos, tenemos conciencia del entorno y nos podemos desplazar en el espacio de alguna manera.
En el nivel microscópico tenemos otras similitudes: poseemos células que están unidas fuertemente y rodeadas por colágeno, una sustancia que les brinda elasticidad a los tejidos.
Otra característica que compartimos es que, para la reproducción, los animales tenemos espermatozoides que son capaces de impulsarse a gran velocidad para poder fecundar a los óvulos femeninos.
Los animales somos un grupo relativamente reciente, si tenemos en cuenta que el planeta existe hace cerca de 4600 millones de años. Las esponjas, que son los animales más antiguos, surgieron apenas hace 600 millones de años, y aún no tenían sus células organizadas en tejidos. Más adelante aparecieron los demás grupos de animales para dar continuidad al largo camino de la evolución gracias al cual hoy en día existimos millones de especies de animales que habitamos en los diferentes ecosistemas de la Tierra.
A partir de la aparición de los cnidarios, los animales (o sus larvas) desarrollan cuerpos divididos en lado derecho e izquierdo, y un sistema nervioso que les permite interactuar con el entorno y responder a los diferentes estímulos. Estos sistemas nerviosos varían en complejidad y estructura y determinan las capacidades de percepción, movimiento, reacción e inteligencia de las especies. La evolución de los animales es un reflejo de la evolución del sistema nervioso.
Sistemas nerviosos de diferentes animales
