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Otras riquezas

Otras riquezas

Anónimo, Colombia

Un día, un empresario de la ciudad decidió llevar a su hijo donde unos parientes que vivían en el campo. Quería que el niño valorara todo lo que él le daba. Al final del viaje, mientras conducían de regreso a la ciudad, el hombre quiso reflexionar con su hijo y le preguntó si entendía lo que significaba la palabra privilegio:

—Claro que sí, papá, y gracias por el viaje, porque pude comprender muy bien. Por ejemplo, nuestros familiares viven en un lugar silencioso y tranquilo, donde los arrullan los cantos de los pájaros, las chicharras y los grillos. El paisaje que se ve desde su casa es hacia los bosques y las montañas, y los amaneceres y los atardeceres son fantásticos. Además, tienen huerta y cultivos, y así saben que su comida es sana, fresca y cuidada con amor. Sus jardines con plantas y flores atraen insectos, aves, ranas y lagartijas, son muy divertidos y siempre hay algo qué observar en ellos. El aire es muy limpio y gracias a esto pueden ver a largas distancias y además respirar hondo y profundo. Salen a coger frutas en cualquier momento, se bañan en las quebradas, disfrutan de noches estrelladas y de las luces de las luciérnagas y, de cuando en cuando, se reúnen en las noches y se cuentan historias de todo tipo. Son muy privilegiados.

El padre permaneció en silencio pensando que las riquezas y los privilegios dependen de los ojos que los observan.

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