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Quemar arcilla 

Quemar arcilla 

Para que una pieza hecha con arcilla se convierta en cerámica es necesario quemarla. Hay dos factores que influyen mucho en la resistencia que adquiere una pieza de cerámica tras la quema: por un lado, la composición de las arcillas; por el otro, la temperatura de quema. Las más finas (como la porcelana o el gres) adquieren su resistencia a temperaturas altísimas y requieren hornos muy sofisticados; otras, como las arcillas comunes que usamos en este libro, no alcanzan tanta resistencia, pero se comienzan a transformar en cerámica por encima de los 600 °C, los cuales se pueden alcanzar en hornos sencillos. Todas se transforman con el fuego, pero es necesario experimentar con los materiales para saber sus características y su resistencia.

Otro fenómeno que sucede con la quema es el cambio de color. En ocasiones podemos encontrar una arcilla negra en estado natural, pero la quemamos y se pone de un color amarillo claro o durazno. Así que no hay fórmulas y lo mejor (¡y más divertido!) es que explores con lo que encuentres y vayas buscando qué es lo que más se adapta a tus necesidades.

Desde la Antigüedad más remota los seres humanos se las han ingeniado para quemar arcillas y transformarlas en cerámica. A continuación te enseñaremos a hacer un horno fácil y efectivo, que no consume demasiada leña y en el que podrás hacer quemas de piezas no muy grandes. Invita a tu familia o tus vecinos y diviértanse con este proceso mágico de transformar la tierra por medio del fuego, de crear con sus manos piezas que pueden ser útiles y hermosas, y que quizás lleguen a durar muchísimos siglos.

 

Materiales y herramientas

· 11 ladrillos

· Arcilla

· Una parrilla metálica

· Pala

 

Cómo hacerlo

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