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Gallina para tres

Gallina para tres

Anónimo, Suramérica

 

Cuentan que un lindo día de primavera, don Zorro madrugó para ir a cazar. El clima era muy agradable, olía a frutas y flores, y el sol lucía radiante.

Don Zorro estaba feliz e intuía que iba a ser un buen día. Y así fue: justo al pasar por una granja, vio a un grupo numeroso de gallinas que picoteaban el maíz despreocupadas. Don Zorro se abalanzó sobre ellas y consiguió atrapar a la más grande. Así que, satisfecho por la caza, se fue contento a su madriguera a enseñarle la presa a doña Zorra.

Cuando don Zorro llegó a su madriguera, le dijo a su esposa:

—¡Mira qué gallina tan grande la que atrapé!

—¡Qué maravilla! —exclamó eufórica doña Zorra—. ¿Y si invitamos a comer al señor Tigre? ¡Tenemos que mantenerlo contento para que no nos moleste!

—Me parece una excelente idea —dijo don Zorro—. Ve preparando el guiso mientras voy a buscarlo.

Doña Zorra comenzó a preparar el guiso, pero este olía tan bien, que se vio tentada a probarlo.

—Probaré un poquito para ver si le hace falta algo más de sal… —se dijo a sí misma doña Zorra—. ¡Mmmmm! ¡Qué bueno está! Voy a ponerle un poco más de laurel y lo probaré una vez más… ¡Mmmm, delicioso!

Y así, probando y probando, doña Zorra se comió toda la gallina. Cuando se sintió llena, ya no quedaba ni un trocito de carne.

—Bueno, ¡qué le vamos a hacer! —suspiró doña Zorra— ¡Tenía tanta hambre!

En ese momento llegó don Zorro con el señor Tigre, que venía entusiasmado con la idea de comer guiso de gallina.

—¡Hola, querida! —saludó don Zorro a doña Zorra—. ¿Cómo va ese guiso?

–¡Fabuloso! —mintió doña Zorra, que tenía un plan.

Así entró en la cocina y llamó a su marido:

—Necesito que afiles estos cuchillos para que corten bien —le dijo.

Y mientras don Zorro afilaba los cuchillos, ella salió de la cocina a hablar con el señor Tigre.

—Mire, señor Tigre, tengo algo que contarle, y se lo voy a decir porque lo estimo… Mi marido últimamente tiene unas manías muy raras. Ahora está empeñado en comerse una de sus orejas porque dice que le dará mucha fuerza. Ahí anda en la cocina afilando los cuchillos…

—¿Una de mis orejas? —protestó alarmado el señor Tigre.

Se dirigió sigilosamente a la cocina y, de reojo, vio a don Zorro afilando dos enormes cuchillos. Le entró un miedo atroz y salió corriendo sin decir más.

Entonces, doña Zorra gritó:

—Don Zorro, rápido, ven. ¡El señor Tigre salió corriendo y se llevó la gallina!

Don Zorro salió corriendo de la cocina con los cuchillos en las manos. Y el señor Tigre, despavorido al ver que don Zorro lo perseguía, corrió aún más.

—¡Vuelva, señor Tigre! —gritaba don Zorro— ¡No se la lleve, tengo mucha hambre!

Mientras tanto, la astuta doña Zorra sonreía con la barriga bien llena.

 

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Ilustración de Carolina Bernal C.

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