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La rana y el buey

La rana y el buey

Félix María de Samaniego, España

 

En la orilla de una quebrada vivía una rana muy pretenciosa que se ufanaba de ser el animal más grande del lugar. Una mañana se acercó un buey a beber un poco de agua de la quebrada y la rana se sorprendió al ver su tamaño.

Esta lo miró de arriba abajo y se dijo:

—¡Qué animal tan grande! Pero si yo me inflo un poco, puedo verme tan grande como él.

El buey se puso a pastar al pie de la quebrada sin prestarle mucha atención a la presuntuosa rana, que comenzó a hincharse cuanto pudo. Cuando no le cabía más aire en sus pulmones, les preguntó a las otras ranas si se veía más grande que el buey.

Las ranas se rieron un poco y le respondieron:

—Claro que no. Te falta hincharte un poco más para alcanzar su tamaño.

Dicho y hecho. La rana se hinchó con mucho esfuerzo otro poco y, en verdad, parecía mucho más grande que antes. Así que de nuevo les preguntó a las demás si se veía tan grande como el buey.

Ellas se echaron a reír otra vez y le dijeron que no, que le faltaba muchísimo para verse como el buey.

La rana, que era más terca que una mula y no quería desistir del intento, con un último y gran esfuerzo se infló todavía más. Pero se hinchó tanto que reventó y ¡todas las ranas de la quebrada saltaron al agua del susto!

 

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Ilustración de Carolina Bernal C.

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